Buenos días,
A riesgo de abrir de más la metafórica puerta de la cocina, estoy llevando a cabo una búsqueda que me permita salir del loop semanal en el que Ucrania y Gaza parecen llevarse la mayor parte del oxígeno. Vamos a ver que encontré.
Los cables
Camboya y Tailandia
Esta semana entró en vigor un alto el fuego entre Camboya y Tailandia, deteniendo los combates fronterizos más violentos de la última década. Los enfrentamientos dejaron al menos 36 civiles muertos y más de 300.000 desplazados. La tregua fue resultado de una mediación encabezada por Malasia, actual presidente de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiatico), con apoyo de Estados Unidos y China. Las conversaciones ocurrieron en Putrajaya, Malasia.
El primer ministro malasio, Anwar Ibrahim, anunció el acuerdo junto a los líderes de ambos países, destacando el restablecimiento de canales de comunicación directos y la creación de mecanismos de supervisión, incluida una misión de observación conjunta. Las presiones internacionales fueron clave: el presidente estadounidense Donald Trump advirtió que no avanzaría en acuerdos comerciales mientras persistieran las hostilidades.
A finales de mayo, la muerte de un soldado camboyano desató una escalada con intercambios de artillería, ataques aéreos y expulsiones diplomáticas. Aunque el alto el fuego se cumplió en líneas generales, se reportaron violaciones menores, lo que llevó a planificar nuevas reuniones entre mandos militares y comités fronterizos para reforzar la -frágil- paz.
China e IA
China propuso la creación de una nueva organización internacional dedicada a la inteligencia artificial (IA), con sede en Shanghái, que funcionaría como plataforma de coordinación técnica y política frente a la fragmentación actual en la gobernanza digital. El primer ministro Li Qiang presentó la iniciativa en la Conferencia Mundial de IA en Shanghái, subrayando la necesidad de “mecanismos operativos efectivos” y de estándares compartidos que no dependan únicamente de marcos impulsados por Estados Unidos.
El plan incluye un “Programa de Acción Global sobre IA”, que invita a gobiernos, compañías tecnológicas y centros de investigación a colaborar en áreas como interoperabilidad de modelos, marcos regulatorios comunes y acceso a capacidades de cómputo para países en desarrollo. La propuesta enfatiza el papel del “Sur Global”, buscando contrarrestar la concentración de recursos en pocos actores y evitar que la brecha digital se amplíe.
La propuesta llega en medio de una intensificación de la competencia tecnológica con Estados Unidos, que recientemente restringió la exportación de chips avanzados a China. Aunque aún carece de detalles operativos, el anuncio refuerza la estrategia de China de impulsar instituciones paralelas al ecosistema liderado por Occidente en torno a la IA.
Tesla y Samsung
Tesla firmó un acuerdo de 16.500 millones de dólares con Samsung Electronics para el suministro de microchips automotrices hasta 2033. El contrato, efectivo desde el 26 de julio de 2025, designa la nueva planta de fabricación de Samsung en Taylor, Texas, como único sitio de producción de los chips AI6, destinados a los sistemas de conducción autónoma Full Self-Driving (FSD) de Tesla, entre otros productos.
Para Tesla, la asociación garantiza un suministro dedicado y escalable de semiconductores diseñados a medida, esenciales para avanzar en sus iniciativas de conducción autónoma y robótica.Para Samsung, el acuerdo representa un impulso significativo a su negocio de fundición (refiere a empresas que fabrican chips para otras), que enfrenta desafíos frente a competidores como TSMC.
Si bien el impacto inmediato es limitado (no se van a vender más autos mañana) si es un acuerdo estratégico en el rubro de la robótica, autos e IA.

Gobernanza y razón
Con la noticia de China intentando plantear un esquema alternativo para la regulación de IA, se abren varias aristas interesantes, de las cuales me voy a quedar con una. En Relaciones Internacionales, uno de los tantos conceptos que manejamos es el de "Gobernanza", que son las prácticas y normas que regulan la cooperación y toma de decisiones más allá de los Estados nación.
Dos nombres que aparecen en relación a esto son el de R. Keohane y J. Rosenau. El primero, preocupado por la legitimidad y resistencia que provoca lo supranacional. El segundo, dedicado a sistemas que lidian con un gran nivel de complejidad (y actores).
La IA tiene hoy el potencial de volverse algo como la energía atómica (y sus implicancias pacíficas y bélicas). No digo que sean equivalentes, pero, como están las cosas hoy, muchos líderes parecen intuirlo como posible. Ante esto, surge la idea de que es necesario regular globalmente cómo vamos a abordar esta tecnología (ya sea para asegurar la ventaja o quedar menos expuestos).
Parte de la competencia por un rediseño de poder global implica la dimensión de la proposición normativa. Idealmente, las reglas se proponen al común, que mediante un proceso fundamentalmente racional acuerda lo mejor para todos. En la práctica, el statu quo es una de las cosas más preciadas para los que tienen algún tipo de ventaja sobre el resto. Estos actores son, además, quienes detentan poder de veto.
Cuando asoma una nueva norma, lo más sencillo es frenarla en seco (cut it before it grows). Alternativamente, como suelen ser actores con más recursos que el resto pueden intentar tomar control del diseño normativo y terminar con una regla a medida. Esto suele servir porque cristaliza la asimetría en una norma; además esta es percibida como externa a las partes, por ende, diluye responsabilidades.
A riesgo de ser una mirada realista de la gobernanza, creo que sí ofrece una advertencia válida: Ni China ni los Estados Unidos pueden permitirse en este contexto un bien común que no los anteponga a ellos mismos.
El problema con esta mirada es que no toma muy en cuenta las formas de resistencia, ni la posibilidad de acuerdos genuinos (legítimos). Tampoco le importan mucho la diversidad de actores o lo que eso implique. Pero para profundizar retomo en próximas ediciones.
Que tengan una buena semana.

