Buenas días,

En las últimas semanas el tema que dominó la conversación sobre internacionales fue la guerra en Irán. Su lugar en agenda está más que justificado por el impacto que está teniendo en el sistema internacional, pero aún así, no termina de explicar como pareciera dejar sin lugar a otras historias. Sobre esto vuelvo más adelante, pero antes vamos a hablar del fin de la guerrilla maoísta en India y la visita de Thiel a Argentina

Los cables

El ocaso del Naxalismo

"Se declaró el fin de la insurgencia maoísta en India" es una oración difícil de leer sin que se levante un leve aroma a naftalina. Pero no por eso es menos cierto.

Las fuerzas de seguridad de la India tenían como fecha límite el 31 de marzo de 2026 para poner fin a la insurgencia Naxalita, en líneas generales, cumplieron el plazo. El día anterior, el ministro de interior Amit Shah anunciaba al parlamento que el Partido Comunista de India (maoísta) había perdido a la mayoría de su plana mayor. Aclaración importante: mientras que el CPI (Maoísta) es ilegal, el Partido Comunista de India (CPI) y el Partido Comunista de India - Marxista (CPI-M) son legales.

En los '60 el maoísmo logró ofrecer un horizonte emancipatorio que no desestimaba la lucha armada. Esto generó la aparición de grupos insurgentes por buena parte del mundo, algunos aún hoy activos. En 1967 uno de estos grupos le declaró la guerra al Estado de la India y comenzó a formar unidades de guerrilla para tomar el poder. En 2005, el entonces Primer Ministro llegó a considerar a la insurgencia maoísta como la mayor amenaza de seguridad interna del país.

Tras una serie de ataques en 2010, el gobierno decidió reorganizar su esfuerzo de contrainsurgencia y a partir de 2012 comenzó a aumentar la presión sobre el grupo. En los últimos años este proceso se aceleró, con la destrucción de su Comando Central Unificado y la muerte de su Secretario General Nambala Keshava Rao.

Se adjudicó su declive a, como suele suceder, varios factores. Alienación de las masas por las que luchan, dificultad de justificar la lucha armada en un contexto (más o menos) democrático. Sumado a esto, las fuerzas de seguridad siguieron profesionalizándose y siendo mejor equipadas mientras que se proveían incentivos para abandonar las armas. Con el correr del tiempo se fue volviendo cada vez más difícil encontrar quien luche. Actualmente quedan remanentes pero todo indica que es cuestión de tiempo hasta que se realice un anuncio formal respecto del fin de la insurgencia maoísta en India.

Peter Thiel en Argentina

Esta es difícil de explicar porque en concreto no pasó nada. Sí; el millonario tech y fundador de Palantir estuvo en Argentina y se reunió con el presidente y funcionarios. Pero, aparte de la foto, no hubo medidas ni anuncios. Aparentemente Thiel compró una propiedad en la capital, pero que un millonario compre una casa que tal vez nunca use (o solo ocasionalmente) no es nada noticiable. Marginalmente más notable fue la publicación de un manifiesto ("The technological republic, in brief.") desde la cuenta de Twitter de Palantir. Es una versión abreviada del libro que el CEO había publicado el año pasado.

Thiel expresó (como ya se vio con Musk) bastante entusiasmo con el experimento libertario que propuso Milei, pero esto ocurre en un plano más bien personal. De este encuentro no parece quedar demasiado en términos de política pública. O no por el momento.

Mi falta de imagenes editoriales tal vez sea otro sintoma

Síntomas del fin de la historia

Desde su inicio, la guerra en Irán, como tema de noticias, logró una densidad masiva. No es que no haya otras historias en los portales (fácilmente comprobable que sí las hay), pero tienden a ser inconsistentes: aparecen fragmentadas y se diluyen entre otras sin encontrar una resolución. Me voy a escapar del análisis de medios para leer esto como otro síntoma de un problema más profundo: la dificultad que atraviesa la sociedad actual para poder imaginar un futuro compartido.

Lo primero que quiero hacer es una aclaración. Las mismas noticias que comparto dan cuenta de que no estoy hablando de "los medios" como una entidad monolítica que baja una línea indiscutible. Pero también es cierto que existe un ecosistema mainstream. También quiero reiterar que no pretendo bajarle el precio a una guerra que puede comprometer un punto neurálgico de las cadenas de valor global, en tanto apunta a la energía y la base de la petroquímica.

Pero el error, típico de estos tiempos, es el de ponderar mal el nivel de injerencia y relación que tenemos con un suceso que sistemáticamente aparece en nuestras pantallas. En términos prácticos, a cualquier persona que esté en un país con reservas de crudo le sirve más saber cuál es la política que su propio Estado maneja respecto del recurso, que el minuto a minuto del conflicto.

¿Qué nos dice esto de nuestra percepción de participación en el juego político local? En Argentina, una de las críticas al peronismo en estos últimos años fue su incapacidad para ajustar su discurso con las expectativas y problemas actuales de la gente. Curioso eco de esto se hace una de las causales principales del decaimiento de los naxalitas.

Todo el vigor revolucionario que permite plantar un futuro mejor en los '60 se mostró incapaz de volver a encender esa llama: ¿qué pasó con esas ideas que pudieron comprometer a miles con una vida entera de literal lucha y hoy no logran que un adolescente quiera agarrar un volante repartido en la calle?

Pero que el arco político internalice "el fin de la historia" no decreta el fin del futuro como una potencialidad que demanda ser colmada de sentido. Esto es lo que traen los manifiestos de los "Tech Gurus". Estos manifiestos son paradójicos. Mientras que por un lado parecen un buen ejemplo del efecto Dunning-Kruger, por otro dan en el clavo cuando hablan en voz alta de algo que difusamente se percibe.

Que el arco político haya rendido su rol de generador de futuros posibles permite a actores que no deben someter su accionar a juicio común intentar ocupar ese espacio. Esto sería hasta saludable bajo otras circunstancias, en las que podríamos encontrar un diálogo con la representación de nuestras sociedades. Actualmente parece, más bien, una de las únicas voces que están diciendo algo sobre el malestar de las poblaciones, aun cuando eso que dicen sea problemático.

Así, la cristalización de un presente que captura toda la atención, el anquilosamiento de los grandes relatos del siglo XX y los manifiestos que trafican intereses corporativos como única salida no son hechos aislados, sino que son las formas en las que el futuro sigue pidiendo que lo imaginemos.

Buena semana.

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