Buenos días,
Esta semana cuesta pensar en noticias internacionales sin considerar lo que sucede en Argentina (viniendo desde ahí mismo por lo menos) y como vuelve al primer plano la relación con los Estados Unidos. Aún si descartamos posicionamientos ideológicos, la verdad es que cuesta ver el pragmatismo en las decisiones que el país está tomando, y hacia adentro la verdad es que la discusión pública no podría estar más alejada respecto del modelo de país y de relación con los demás países que buscamos.
Los cables
Nvidia y OpenAi
Nvidia anunció un acuerdo monumental con OpenAI que podría implicar hasta 100 mil millones de dólares en inversión y equipamiento. El objetivo es expandir la capacidad global de cómputo dedicada al entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, en especial el proyecto Stargate de OpenAI, que busca crear una infraestructura de 10 gigavatios de potencia.
El acuerdo consolida la posición de Nvidia como actor clave en la cadena de valor de la IA, no sólo como proveedor de chips, sino como socio estratégico que define el ritmo del desarrollo tecnológico. Analistas señalan que la operación también busca asegurar a Nvidia un control mayor sobre el acceso a GPU de nueva generación, en un contexto de escasez y competencia creciente con AMD y empresas chinas.
Todavía no se ha precisado cuánto del capital provendrá directamente de Nvidia ni bajo qué condiciones se estructurará el financiamiento. Aun así, el anuncio fue suficiente para impulsar brevemente las acciones del sector tecnológico, mientras los mercados procesan la magnitud de la apuesta.
Argentina y EE. UU.
Javier Milei viajó a Nueva York con motivo de la Asamblea General de la ONU, donde mantuvo reuniones con Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Tras la elección de medio término en la provincia de Buenos Aires, el gobierno Argentino tuvo una respuesta negativa de los mercados que complicó aún más el panorama económico. En este contexto, el anuncio de ayuda del secretario del Tesoro norteamericano Scott Bessent dio un momentáneo respiro.
La reunión con Trump fue breve y por momentos el primer mandatario de los Estados Unidos no parecía tener del todo claro el motivo de la reunión pero fue enfático brindando un difuso apoyo.
El encuentro con Netanyahu tiene una pesada carga ideológica que entra en conflicto con posiciones históricas de Argentina y choca con las posiciones de socios comerciales importantes como China o Brasil, sin que quede claro qué beneficios está obteniendo a cambio.
EE. UU. y China
El 24 de septiembre, funcionarios estadounidenses y chinos confirmaron que mantendrán una serie de reuniones técnicas en el Departamento del Tesoro de EE. UU. para tratar asuntos específicos del comercio bilateral. El encuentro —el primero de este tipo en varios meses— busca reactivar los canales de diálogo tras una etapa marcada por tensiones tecnológicas y restricciones cruzadas a las exportaciones.
Aunque no se prevé la discusión de temas de alto perfil, como el futuro de TikTok o los aranceles al sector de los semiconductores, las conversaciones abordarán cuestiones técnicas pendientes: licencias comerciales, regulaciones financieras y mecanismos de transparencia aduanera. Fuentes cercanas al Tesoro señalaron que el objetivo es “estabilizar la relación económica” y evitar que las fricciones deriven en nuevas medidas punitivas.
El gesto fue bien recibido por los mercados asiáticos, que interpretaron la noticia como una señal de distensión. Analistas destacan que, aunque los avances concretos sean limitados, el solo hecho de mantener el diálogo sugiere que ambas potencias buscan evitar una escalada comercial en un año de alta sensibilidad política tanto en Washington como en Pekín.

El mundo que se está desarmando
Esta semana me crucé un artículo que hablaba del pasaje de la "hiperglobalización" a la "deshiperglobalización", algo que en principio parece claro. Pero, llamémoslo una deformación académica, me interesa saber de qué hablan cuando usan dichas palabras.
El economista Dani Rodrik introdujo el concepto para describir una fase del capitalismo en la que los mercados cruzan las fronteras con más velocidad y profundidad que las propias instituciones políticas. Mientras que la globalización tradicional se apoya en la expansión del comercio y la inversión bajo reglas acordadas por los Estados, la hiper busca eliminar toda fricción para el capital: flujos financieros libres, cadenas de producción transnacionales, armonización regulatoria y un poder creciente de organismos y tratados internacionales sobre las políticas nacionales. Este modelo, impulsado desde los años noventa, erosiona el margen de maniobra de los Estados (su soberanía) y su calidad democrática. La competencia fiscal entre países, las restricciones impuestas por acuerdos comerciales o la presión de los mercados financieros limitan la capacidad de los gobiernos para responder a demandas internas de bienestar, protección social o redistribución.
De esta tensión surge lo que Rodrik llama el "Trilema de la globalización": no se puede tener simultáneamente democracia, soberanía nacional y plena integración económica global. Solo dos de estos objetivos pueden coexistir. Si los países priorizan la hiperglobalización, deben sacrificar la autonomía política o la voz democrática. Si preservan la democracia y la soberanía, deben aceptar un nivel más acotado de apertura global.
En este contexto, cuando hablamos de ir hacia una des-hiperglobalización podríamos pensar que estamos viendo resurgir Estados con autonomía y democracia. Pero en la práctica no es lo que vemos.
Genuinamente no termino de ver un aumento de los márgenes de maniobra de los Estados, ni tampoco una mejora de la calidad democrática de las instituciones (ni a nivel global ni a niveles locales).
Una forma inesperada de superar el Trilema fue que todo empeore de forma pareja. Aunque, si prestamos atención a la acumulación de capitales a nivel global, tal vez, debajo de las apariencias, no haya tal des-hiperglobalización.
Buena semana.

